Bajo el título "La Democracia que Tenemos", la nueva edición de la Revista Foro parte de una convicción incómoda: la democracia colombiana no está ausente, pero tampoco funciona como promete. Conserva elecciones, representación institucional y un amplio entramado normativo, y sin embargo muestra fracturas profundas en su capacidad de producir confianza, protección de derechos y resultados socialmente valiosos. Este número recorre esa distancia —entre la democracia que tenemos y la que queremos— desde la teoría política, los datos duros y el análisis territorial.
Editorial: la traumática transición hegemónica
El director Jaime Zuluaga Nieto abre la edición con un diagnóstico internacional: el declive relativo de la hegemonía estadounidense —militar, no económica— se expresa en el desconocimiento de la separación de poderes, la persecución a jueces y periodistas, y el retiro de acuerdos internacionales por parte de la administración Trump. Ese "giro autoritario" se combina con la consolidación de los BRICS y China como potencias multidimensionales, configurando lo que el editorial describe como una transición hegemónica acompañada de la crisis creciente de las democracias liberales en el mundo.
Frente al proceso electoral colombiano de 2026, el editorial advierte que el país llega a la contienda con un gobierno cuestionado por Washington, en medio de una polarización que atraviesa tanto la política interna como el tablero internacional, y con el desafío compartido de fortalecer las fuerzas democráticas más allá de quién resulte electo.
Una alerta del editorial
"Recurriendo a su incuestionable superioridad militar trata de revertir el inexorable declive de su hegemonía e imponer su derecho a pasar por encima de las normas que regulan el orden internacional." Así describe el editorial la estrategia de Washington frente al ascenso de un mundo multipolar, un fenómeno que —advierte— tiene efectos directos sobre los procesos electorales de la región, incluido el colombiano.
De la democracia que tenemos a la que queremos
El primer artículo del dossier, firmado por Paola Circa, César Manoll Triana, Janer Camilo Garzón y Érika Pareja (Equipo Foro Región Central), parte de un hallazgo inquietante: solo el 28% de la población mundial vive bajo sistemas democráticos, mientras el 72% habita países que ya son autocracias o presentan rasgos asociados. En Colombia, apenas el 30% de la población se declara satisfecha con la democracia (LAPOP, 2023), un malestar que —advierten los autores— no nace de la inconformidad con un gobierno puntual, sino de la sensación de que las instituciones no cumplen su promesa de representación, respuesta y justicia.
La democracia que tenemos
Lo que conserva
- Elecciones competitivas y una participación electoral en aumento: del 47% al 50% entre 2022 y 2026 (Registraduría).
- Una arquitectura constitucional garantista, heredera de la Constitución de 1991.
- Una esfera pública activa, conflictiva y plural, con 155 instancias oficiales de participación ciudadana.
Lo que le falta
- Representación efectiva: partidos, concejos y el Congreso están entre las instituciones con menor confianza ciudadana.
- Resultados sustantivos: la democracia procedimental convive con desigualdades profundas y participación restringida.
- Cierre de brechas territoriales: la protección de derechos varía según el territorio y el actor armado que lo controle.
La democracia que queremos
Lo que exige construir
- Proteger los pilares procedimentales: elecciones libres, separación de poderes, libertades civiles y Estado de derecho.
- Avanzar hacia una democracia de "alta intensidad" (Boaventura de Sousa Santos): más igualdad, confianza y participación incidente.
- Articular representación, participación y deliberación como dimensiones complementarias, no excluyentes.
Los riesgos que enfrenta
- Que la abundancia normativa de espacios de participación (155 instancias) siga siendo inaccesible en la práctica.
- Que la erosión de confianza en partidos y elecciones (39% de confianza en la Presidencia, 19% en las elecciones) se profundice.
- Que la democracia sustantiva siga vaciándose de contenido mientras se conservan sus formas.
Del bipartidismo al autoritarismo y el populismo
El sociólogo Alberto Valencia Gutiérrez reconstruye una singularidad colombiana: en lugar de alternar dictadura y democracia como el resto de la región, el país combinó democracia y violencia de manera funcional, sostenida por un Estado que nunca logró monopolizar plenamente el uso legítimo de la fuerza. La Constitución de 1991 representó, según el autor, el "acta de defunción" del bipartidismo tradicional, pero no logró conformar un proyecto nacional unificador que reemplazara esa lógica de exclusión.
De ese vacío surgieron, en su lectura, dos versiones de populismo —de derecha con Álvaro Uribe y de izquierda con Gustavo Petro— que comparten la construcción de un "enemigo interno" y un "enemigo externo", aun cuando el populismo de Petro tuvo el mérito de empoderar a sectores tradicionalmente marginados. El artículo, escrito en vísperas de la primera vuelta presidencial de 2026, cierra con una advertencia: los discursos de los candidatos, con matices, se orientan más a "destripar" al adversario que a construir un espacio público compartido.
Una frase para recordar
"Construir democracia no es oponer el pueblo a sus enemigos sino establecer un 'acuerdo práctico' entre sectores con visiones del mundo distintas para que puedan convivir." — Alberto Valencia Gutiérrez
Crimen, corrupción y cooptación institucional
Eduardo Salcedo-Albarán y Luis Jorge Garay-Salamanca, de la Fundación Vortex, presentan uno de los diagnósticos más contundentes del número: en Colombia el crimen y la corrupción no operan por separado, sino como un sistema simbiótico en el que la violencia, la intermediación política y la manipulación institucional se refuerzan mutuamente. Los autores proponen ir más allá del concepto clásico de "captura del Estado" para hablar de reconfiguración cooptada y de órdenes híbridos locales: escenarios donde funciones estatales —regular, sancionar, administrar justicia— se ejercen de manera compartida o negociada entre instituciones formales y estructuras criminales.
La consecuencia, advierten, es que la democracia colombiana es territorialmente desigual: en algunos municipios el Estado compite con poderes criminales, en otros pacta con ellos y en otros ambos producen juntos el orden local. El desafío, concluyen, no es solo perseguir "cabecillas", sino desmantelar arreglos duraderos entre redes criminales, burocracias públicas, élites regionales y maquinarias políticas.
El diagnóstico clave
"Cuando un territorio entra en dinámicas avanzadas de hibridación crimino-institucional, la democracia y la ciudadanía pierden su contenido real: los derechos dejan de ser universales y se vuelven condicionales." — Eduardo Salcedo-Albarán y Luis Jorge Garay-Salamanca
Reconstruir el vínculo democrático en tiempos de polarización
Myriam Méndez Montalvo, directora ejecutiva de la plataforma Valiente es Dialogar, documenta con datos de la Encuesta Nacional sobre Polarización en Colombia (2025) hasta qué punto la fractura política se ha filtrado en la vida cotidiana. No se trata, argumenta, de un simple desacuerdo ideológico sino de polarización afectiva: el adversario deja de ser un interlocutor legítimo para convertirse en una amenaza.
| Indicador | Dato | Fuente |
|---|---|---|
| Percibe el país polarizado | 84% | Encuesta Nacional sobre Polarización, 2025 |
| Siente esa polarización dentro de su propia familia | 40% | Encuesta Nacional sobre Polarización, 2025 |
| Evita hablar de política para prevenir discusiones | 60% | Encuesta Nacional sobre Polarización, 2025 |
| Índice de destrucción de gobernabilidad | 63,9 / 100 | Valiente es Dialogar & Centro Nacional de Consultoría |
| Apoyaría espacios de conversación plural y comunicación no violenta | +90% | Encuesta Nacional sobre Polarización, 2025 |
La autora propone entender el diálogo no como un gesto de buena voluntad, sino como una infraestructura democrática: requiere diseño institucional, reglas claras y metodología, tal como lo demuestran iniciativas colombianas de diálogo multiactor como Diálogos Improbables, La Paz Querida o el Instituto para la Conversación.
Participación: de los Consejos de Juventud a las calles
Tres artículos abordan la participación desde ángulos complementarios. Eduardo Ballón (DESCO, Perú) sitúa a Colombia en el contexto regional: solo 25 países del mundo son calificados como "democracias plenas" por The Economist, apenas el 6,6% de la población mundial. Fabio E. Velásquez C., editor de la revista, documenta cómo en las últimas tres décadas la protesta social desplazó a los canales institucionales como principal repertorio participativo en Colombia, en paralelo al desencanto con los espacios de participación creados desde los años ochenta.
Diana Dajer y Camilo Recio (Fundación Corona) toman los Consejos de Juventud como termómetro de esa tensión. Entre 2021 y 2025, pese a la caída del bono demográfico, aumentó tanto el número de votos como el porcentaje de participación, y el voto nulo cayó de niveles altísimos a apenas 1,98%. Sin embargo, solo el 37% de la juventud cree que la democracia genera resultados y un tercio piensa que "solo les sirve a los políticos".
El dato que resume la tensión
11.702.436 jóvenes estaban habilitados para votar en los Consejos de Juventud 2025 (Registraduría Nacional). La participación aumentó en 770 municipios pero disminuyó en cerca de 300, evidenciando una consolidación territorial desigual del mecanismo.
Entorno propicio en Colombia 2025: calificación por dimensión
Marcela Restrepo Hung y Diana Chavarro Rodríguez, de Foro Nacional por Colombia, presentan los resultados del panel de expertos del Sistema de la Unión Europea para un Entorno Propicio, que califica de 1 (restrictivo) a 5 (habilitante) las condiciones para el ejercicio de la ciudadanía en el país.
Libertades cívicas y derechos humanos
Marco jurídico y normativo favorable
Recursos accesibles y sostenibles
Estado abierto y receptivo
Cultura pública y discursos favorables a la sociedad civil
Acceso a un entorno digital seguro
La conclusión de las autoras es una paradoja estructural: Colombia cuenta con un marco constitucional amplio, pero su implementación efectiva depende menos de la ley que de la presencia de actores armados en el territorio. En regiones como Cauca, Antioquia y Nariño, el confinamiento forzado —que afectó a más de 71.000 personas entre 2024 y 2025 (OCHA)— anula de facto la posibilidad de reunión ciudadana.
Cinco frentes contra la inequidad territorial
Darío I. Restrepo y Sergio L. Álvarez, de la Misión de Descentralización, muestran que la inequidad colombiana no solo se distribuye: se organiza geográficamente. El llamado "pentágono de oro" —Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga con sus áreas metropolitanas— concentra el poder económico, mientras departamentos como Vichada, Guainía o Chocó exhiben los niveles más altos de pobreza multidimensional del país. Los autores identifican cinco frentes que explican y podrían revertir esa geografía de las inequidades.
El modelo de desarrollo
Cerca del 60% de las exportaciones colombianas provienen de actividades extractivas que no generan encadenamientos territoriales. Antioquia y Bogotá concentran cerca del 40% de las exportaciones no extractivas, mientras la mayoría de departamentos participa con menos del 2%.
El Presupuesto General de la Nación
El gasto público se concentra en la nación y el "pentágono de oro". Bogotá recibe 1,11 millones de pesos per cápita del presupuesto regionalizable, cifra similar a la de departamentos con necesidades mucho mayores, evidenciando la ausencia de una lógica de cierre de brechas.
El Sistema General de Regalías
Las regalías tienen micro impactos locales pero no se articulan con otras fuentes de recursos para el desarrollo regional. Los autores proponen destinar la totalidad de estos recursos a la formación de capital en las subregiones más deprimidas.
El sistema tributario
La evasión y elusión tributaria bordean los 100 billones de pesos al año, y los gastos tributarios (exenciones, deducciones, tasas reducidas) otros 136 billones. Los autores proponen mayor carga a terratenientes y al sector financiero, y una Comisión de Alto Nivel para revisarlos.
El sistema electoral
Diez departamentos —entre ellos Amazonas, Arauca, Chocó, Guainía y Vichada— se quedarán sin ningún representante en el Senado de la República para el periodo 2026-2030, un problema estructural de la circunscripción electoral nacional.
| Departamento | PIB per cápita 2024 (millones $, sin extractivas) | Índice de Pobreza Multidimensional | Representación en el Senado 2026-2030 |
|---|---|---|---|
| Bogotá D.C. | 54,17 | 5,4 | Sí |
| Antioquia | 35,41 | 10,9 | Sí |
| La Guajira | 11,28 | 39,3 | Sí |
| Chocó | 10,39 | 33,9 | No |
| Guainía | 9,69 | 49,0 | No |
| Vichada | 9,28 | 70,2 | No |
Mundo: el (des)orden multipolar y la ofensiva de Trump
Gabriel Merino (UNLP-CONICET, Argentina) describe el fin de "500 años de ascenso y primacía del Occidente (geo)político", en palabras del propio Josep Borrell. El avance tecnológico chino simbolizado por DeepSeek, la expansión de los BRICS+ y el regreso de Trump con una estrategia de repliegue agresivo sobre el hemisferio occidental marcan, según el autor, la entrada a un momento geopolítico distinto: el de un "(des)orden multipolar" caracterizado por una Guerra Mundial híbrida y fragmentada, más que por un nuevo Bretton Woods.
El caso argentino ilustra esa dinámica: el rescate financiero del gobierno de Javier Milei por parte del Tesoro estadounidense, según revela el propio secretario Scott Bessent, tenía como objetivo explícito "sacar a China de la Argentina" y "anclar el hemisferio occidental" a los intereses de Washington. Leandro Morgenfeld complementa el análisis mostrando cómo esa ofensiva convive con un declive hegemónico estructural que Estados Unidos intenta revertir apelando a su superioridad militar más que a su fortaleza económica.
Libros: Gabriel Turbay, reparación pendiente
Beethoven Herrera Valencia reseña El presidente que no fue: la historia silenciada de Gabriel Turbay, de la investigadora Olga Lucía González (Universidad de los Andes). El libro desmitifica la figura del candidato liberal derrotado en 1946 por la división con Jorge Eliécer Gaitán: hijo de inmigrantes libaneses, ministro de gobierno a los 32 años, impulsor del Seguro Social y de la separación de los fueros de la Iglesia y el Estado a través del decreto 540 de 1934, que trasladó el registro civil a las autoridades civiles. Una reparación histórica, según Herrera, para uno de los hombres más importantes —y más olvidados— de la política colombiana del siglo XX.
No hay "buenos" y "malos" separados de nosotros mismos. Como integrantes de la sociedad moderna, todos participamos en la creación de las fuerzas que dan forma a lo que existe, tanto aquello que apreciamos como aquello que repudiamos.
— Peter Senge, citado por Myriam Méndez Montalvo, Revista Foro Edición 118Lo que deja esta edición
Leídos en conjunto, los trece artículos de este número describen una misma tensión desde ángulos distintos: instituciones que existen pero no siempre funcionan, participación que se multiplica en el papel pero se estanca en la práctica, y territorios donde la ley convive —y a veces negocia— con el crimen organizado. La transición de la democracia que tenemos a la que queremos, insiste el editorial, exige una doble tarea: proteger los pilares procedimentales sin los cuales la democracia pierde su base, y avanzar hacia resultados socialmente valiosos que hoy siguen siendo una promesa incumplida para buena parte del país.
Lo que los datos no dicen
Ningún indicador aislado —ni el 30% de satisfacción con la democracia, ni el 84% que percibe polarización, ni las calificaciones del entorno propicio— explica por sí solo la complejidad de la democracia colombiana. Lo que esta edición documenta con rigor es que esas cifras están conectadas: la desconfianza institucional, la cooptación territorial y la polarización afectiva se retroalimentan, y por eso exigen respuestas articuladas y no medidas aisladas.
Preguntas que deja esta edición
- ¿Qué democracia estamos dispuestos a defender cuando la desconfianza institucional convive con una participación electoral que crece?
- ¿Cómo distinguir, en el propio territorio, entre debilidad institucional y cooptación por estructuras criminales?
- ¿Qué estamos dispuestos a ceder —certezas, pertenencias, lenguaje— para sostener el diálogo con quien piensa distinto?
- ¿Qué papel deben jugar la juventud y los territorios históricamente excluidos en la democracia que queremos construir?
- ¿Cómo enfrenta un país mediano como Colombia un mundo que transita de la hegemonía unipolar a un (des)orden multipolar?
Una palabra final de Foro Nacional por Colombia
Defender la democracia no es defender unas instituciones abstractas: es defender la posibilidad de construir una sociedad donde los recursos, las oportunidades y los derechos se distribuyan de manera más equitativa entre toda la población. Esa es, según esta edición, la tarea inconclusa e irrenunciable que atraviesa cada uno de sus artículos.
Ficha de la publicación
Esta edición hace parte de la Revista Foro de la Fundación Foro Nacional por Colombia, publicada con el apoyo de Entreculturas, Brot für die Welt (Pan para el Mundo) y la Fundación Ford. foro.org.co · Descargar la edición completa en PDF →


