En términos estrictamente técnicos, la transición energética significa pasar del uso de combustibles fósiles tradicionales (como el carbón, el petróleo y el gas natural) a fuentes de energía alternativas o renovables (como la solar, geotérmica, eólica e hidráulica). No obstante, este proceso trasciende el mero cambio tecnológico de la matriz de generación: se trata de una profunda transformación social, económica y cultural de los territorios.
Abordar con responsabilidad la transición energética implica abrir debates urgentes que sitúen a las comunidades en el centro de las decisiones. Debemos formularnos preguntas fundamentales: ¿cómo generamos energía?, ¿para quién la generamos? y ¿a qué propósitos la destinamos? No podemos ignorar qué pasará con las economías locales que hoy dependen enteramente de la explotación minero-energética, ni dejar en el olvido a aquellas poblaciones donde la energía eléctrica aún no ha llegado.
💡 Las dos grandes razones de la transición
Aunque los matices varían según el sector económico y la ubicación geográfica, la urgencia de transitar hacia un nuevo modelo energético a nivel global y nacional se sustenta sobre dos pilares determinantes: enfrentar el cambio climático y democratizar el acceso a la energía.
A escala planetaria, la quema de combustibles fósiles para el sector del transporte y la industria es el principal catalizador del calentamiento global. De acuerdo con datos consolidados, el 76% de las emisiones globales de carbono que causan el efecto invernadero provienen directamente de la generación de energía destinada a estas actividades productivas (Ge et al., 2021).
Si bien la mitigación global depende principalmente de los mayores emisores de dióxido de carbono ($CO_2$) —donde China, Estados Unidos e India encabezan el listado del Atlas de Carbono Global y Colombia ocupa una posición lejana (#42)—, la transición sigue siendo de vital importancia para naciones con menores niveles de emisión.
Implicaciones de diversificar la matriz en países de baja emisión
Para un país como Colombia, la importancia de diversificar la matriz energética reside en dos frentes:
1. Acceso Territorial: Al incorporar fuentes descentralizadas más allá de los combustibles convencionales, se abren opciones reales para conectar a las regiones tradicionalmente marginadas.
2. Transformación Económica: Es una invitación para planificar e impulsar economías alternativas en municipios cuya estabilidad depende de la extracción de carbón o petróleo.
A pesar de poseer una de las matrices de generación eléctrica más limpias del continente gracias a su riqueza hídrica, Colombia enfrenta una profunda brecha social. Actualmente, el Índice de Pobreza Energética Multidimensional (IPEM) a nivel nacional se sitúa en el 22.3% (Ministerio de Minas y Energía, 2025). Esto significa que más de un quinto de los hogares en el territorio nacional carece de un acceso digno y confiable a servicios modernos de electricidad o gas.
Según informes oficiales, las regiones con niveles más preocupantes de pobreza energética se concentran de manera crítica en la Amazonía, Orinoquía, la región Pacífica (con excepciones en cascos urbanos como Cali, Buenaventura y Popayán) y diversos municipios de la región Caribe.
Esta falta de acceso tiene consecuencias devastadoras en el día a día y amplía las desigualdades sociales de la población:
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Educación deficiente: En regiones de clima cálido, niños, niñas y adolescentes asisten a clases en salones sin iluminación apropiada ni ventilación, entorpeciendo su aprendizaje.
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Salud vulnerable: Sin energía eléctrica constante, los centros médicos rurales no pueden refrigerar vacunas ni medicamentos esenciales, y se ven imposibilitados de operar equipos diagnósticos como rayos X o electrocardiogramas.
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Inseguridad comunitaria: La falta de alumbrado público adecuado y sistemas de semaforización limita la libre movilidad y la seguridad de los ciudadanos durante la noche.
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Exclusión digital: La ausencia de electricidad impide conectar computadores y acceder a internet, privando a las familias de oportunidades de información, educación virtual e interacción global.
Las alternativas viables para migrar a fuentes más limpias varían según el sector de consumo (doméstico, transporte o industrial) y las particularidades climáticas e geográficas de cada territorio. A continuación, se detallan las opciones clave contempladas en la planificación energética del país:
| Alternativa | Descripción y Funcionamiento Técnico | Ámbito de Aplicación |
|---|---|---|
| Solar | Captura la radiación del sol a través de paneles fotovoltaicos para su uso directo o almacenamiento en baterías. Se fomenta mediante la estrategia de Comunidades Energéticas. | Doméstico y comunitario. |
| Eólica | Transforma la fuerza del viento en electricidad por medio de turbinas (molinos gigantes). Puede implementarse en tierra (onshore) o mar abierto (offshore). | Doméstico, comercial y generación a gran escala. |
| Hidrógeno Verde | Se obtiene a través de la electrólisis del agua (ruptura de enlaces de la molécula usando electricidad de fuentes renovables). No genera emisiones nocivas, a diferencia del hidrógeno azul (de gas natural) o gris (altamente contaminante). | Sector industrial y transporte de carga pesada. |
| Biogás | Se produce en biodigestores sellados donde bacterias descomponen desechos orgánicos (basura, estiércol, restos de plantas) sin oxígeno, liberando gas metano para generar calor o electricidad. Genera biofertilizantes como subproducto. | Uso agropecuario y doméstico rural. |
| Geotérmica | Aprovecha el calor interno de la tierra a través de pozos profundos en áreas de actividad volcánica. El vapor de agua liberado impulsa turbinas para la generación eléctrica. | Generación continua en zonas volcánicas específicas. |
La transición no será exitosa si solo cambia la tecnología sin transformar las relaciones de poder y de mercado. Para que el proceso sea considerado verdaderamente Justo, se deben trazar estrategias colectivas bajo principios de equidad:
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Responsabilidades diferenciadas: Reconocer que el grado de responsabilidad frente al cambio climático no es el mismo para todos los actores. Las soluciones deben adaptarse directamente a las realidades y medios de vida de cada territorio.
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Salvaguardas sociales y ambientales: Implementar herramientas jurídicas y normativas robustas construidas junto a las poblaciones para blindar sus derechos humanos, ambientales y culturales de las malas prácticas del pasado minero-energético.
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Planificación productiva con la gente: Diseñar de forma participativa nuevas actividades económicas locales (como la agricultura sostenible o el turismo ecológico) que sustituyan progresivamente la dependencia del carbón y el petróleo, asegurando cadenas de valor incluyentes.
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Democratización de la energía: Promover esquemas donde los ciudadanos no solo consuman, sino que participen en la generación del recurso, asegurando tarifas dignas, equitativas y cobertura del 100%.
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Espacios de participación real: Asegurar mecanismos legítimos e incluyentes donde las poblaciones locales decidan directamente el rumbo y los beneficios de los proyectos alternativos en sus zonas.
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DESCARGAR ESTUDIO BOGOTÁ (PDF)Referencias Bibliográficas
- • Atlas de Carbono Global (2024). Emissions Mt CO2. Disponible en: globalcarbonatlas.org
- • Ge et al. (2021). Cuatro gráficos que explican las emisiones de gases de efecto invernadero por país y por sector. World Resources Institute (WRI).
- • Ministerio de Minas y Energía. (2024). Análisis de inversiones requeridas para la transición energética justa. República de Colombia.
- • Ministerio de Minas y Energía. (2025). Informe sobre pobreza energética multidimensional en Colombia 2025. República de Colombia.



